Opinión

Como ya cantaba Antonio Machín "Tengo una debilidad". Si, lo reconozco, le tengo. Esta debilidad puede que se llame como una compañera que tengan en la oficina, o como una vecina de su edificio, o incluso, como una de las cajeras del supermercado de su barrio. Ella es Rocío Gutiérrez y el pasado domingo era declarada la mejor jugadora de la Copa de la Reina de hockey hierba.    

Gaditana de San Fernando, allí descubriría el hockey en el apasionado equipo local. Un ratito a pie y otro caminando, que diría Manolo García, fue haciendo camino junto a su stick. Sus condiciones para este deporte no pasarían desapercibidas para los grandes clubes. Así le llegaría la oportunidad de irse a Terrassa, lugar donde el hockey es mucho más que un deporte que practican todos los niños desde temprana edad. Petate en mano aterrizaba en el Pla del Bon Aire. La juventud, muchas veces un divino tesoro, le jugó una mala pasada. Decidió retornar a casa, pero poco después volvería a hacer las maletas. Esta vez su destino fue Madrid, donde recaló en el Club de Campo. Después de diez años está claro que allí encontró su sitio. Se empapó de mitos como Mariví González, Bárbara Malda o Chus Rosa. Se hizo a si misma a base de humildad, esfuerzo, sacrificio y dedicación. Un traslado de su personalidad al terreno de juego.

Con la selección ha vivido su propia historia de amor. Comenzaron a salir juntos, pero en un principio la historia no acabó de cuajar. Sin embargo, sus caminos se volvieron a encontrar, y en esta ocasión, como buena película romántica de esas que tanto le gustan a la andaluza, se llegaron a enamorar. Así, el próximo 5 de Agosto en el Estadio Nilton Santos de Rio de Janeiro, si nada ni nadie lo impide, llegará el momento de contraer un matrimonio que perdurará en los anales de la historia del hockey español. 

"Guti" (odio llamarla de esta manera) juega en la defensa. Devora delanteras con sus pegajosos marcajes igual que hace con los libros que caen entre sus manos. Es la elegancia personificada en una acción de ataque que parte desde su primer pase. Transmite tranquilidad al resto del equipo, esa misma que gusta de encontrar en la playa mientras deja que el sol se apodere de ella.  Sin embargo, su importancia no reside ahí, si no en el trabajo que realiza para el bien del colectivo. Recuerdo una tarde en un campo de entrenamiento. Detrás, lejos del ruido, apartadas para que nadie las viera, consolaba a una compañera que lloraba sin parar. Capaz de sacar su lado más maternal en un momento difícil. Esa es Rocio, una líder silenciosa que hace mejor al que se encuentra cerca de ella.

Recuerden. Igual la tienen sentada a su lado y aún no conocen su grandeza.  Pues les confieso que no duden en hacerlo, merece la pena.

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