Entrevistas

El primer año siempre es el peor. Eso es lo que suele decir la gente que pierde a un ser querido. La vida de Queralt Castellet cambió hace poco más de un año cuando la luz que iluminaba su camino profesional y personal se apagó de forma tan inesperada como precipitada.

Ben Jolly, su pareja y también entrenador, falleció en la primavera de 2015, sólo tres meses después de que Queralt hiciera historia para el snowboard español logrando uno de los mayores éxitos de su carrera: el Subcampeonato del Mundo en los Mundiales de Snowboard celebrados Kreischberg (Austria) en enero de 2015.

Su futuro, tan claro hasta entonces, se oscureció y ella se sintió perdida, sin rumbo, sin saber qué hacer con su vida, planteándose muchas preguntas sobre el camino que debía tomar tanto personal como profesionalmente.

Buscó refugio en su familia y en sus amigos de Sabadell. Desde 2009, cuando empezó a competir en el circuito internacional, no pasaba más de dos semanas seguidas allí. Durante casi cinco meses no cogió la tabla. No quiso ver la nieve. No se sentía capaz de volver al lugar donde había sido tan feliz durante más de siete años. La ausencia y la melancolía se lo impedían.

“Necesitaba tiempo para asimilarlo”.

Pero Queralt no estaba sola. Sus amigos la empujaron, la convencieron de que tenía que subir a la montaña y disfrutar del don que se le había concedido.

“Lo que me ha llevado a ser quien soy, a estar donde estoy y también a conocer a Ben”.

Los buenos momentos con su familia y amigos le dieron la confianza y la fuerza para reunir el valor de volver a la montaña.

“Encontré suficientes razones para volver. El snowboard me apasiona, me siento bien sobre la tabla. Me dije a mí misma: esto es lo que quiero hacer y voy a hacerlo”.

Fue a finales de septiembre, en la pretemporada, con el otoño incipiente, cuando se sintió con fuerzas para volver a la montaña, a Saas Fee (Suiza).

“Los miembros del equipo suizo me invitaron a que probara unos días. Me dijeron que iban a estar conmigo lo que hiciera falta. Que tenían una casa y que podía irme allí todo el tiempo que fuera necesario. Los conozco desde hace un montón de años. Hasta me propusieron seguir toda la temporada entrenando con ellos. Y que si después de probar no me sentía bien, que volviera a mi casa. Acepté, sin saber muy bien a qué me enfrentaba. Estuve allí unas semanas probándome y sin forzar la situación”.

Con la mente más despejada y la experiencia con el equipo suizo en el glaciar de Saas Fee viajó a Nueva Zelanda para ver a la familia de Ben.

“Ellos también son mi familia. En los últimos 7 años he estado viviendo siete meses al año acogida por la familia de Ben. Han sido mucho más que los padres de mi pareja porque mi vida estaba al otro lado del planeta y se creó un vínculo emocional muy sólido; este verano vendrán a España a pasar unos días con mis padres. Haremos turismo, compartiremos recuerdos y nuevas experiencias”.

Además de estar con la familia de Ben, Queralt aprovechó lo que quedaba de temporada en Nueva Zelanda para asistir a un campus de entrenamiento. Allí coincidió con algunas de las riders del circuito. Una de las compañeras con las que más experiencias ha compartido es Torah Bright, Campeona Olímpica en los Juegos Olímpicos de Invierno en Vancouver 2010 y Subcampeona en los de Sochi 2014. A pesar de ser rivales, en el snowboard hay mucha camaradería e incluso algunos comparten el mismo entrenador. El de Torah es su hermano Benny Bright.

“Tengo muy buena relación con los hermanos Bright. Torah y yo hemos entrenado muchas veces juntas y Benny conocía muy bien a Ben. Trabajaron juntos en varias ocasiones en campus de entrenamiento y concentraciones privadas en diversos lugares de Nueva Zelanda. Su relación siempre funcionó muy bien. Ellos se conocían bastante y también me conocían a mí desde hace años pero yo nunca pensé que Benny quisiera entrenarme. Me propuso probar durante el mes que iba a estar en nueva Zelanda. Me dijo que confiaba en mí y que sabía que el snowboard era lo que tenía que hacer porque es lo que me hace feliz. Quería ayudarme a recuperar mi camino”.

Benny Bright preparó un programa de entrenamientos totalmente alejado de lo que había sido su programa hasta entonces. Incluía de todo, menos entrenamiento en Half Pipe.

-Necesita aprender a ser un caballo de nuevo.
-¿Hasta dónde quiere que lo lleve?
-Hasta que se pare.

Seabiscuit (2003)

Como en la película Seabiscuit, en la que un purasangre maltratado por la vida encuentra a un entrenador que le devuelve su brillo y le convierte en campeón, Benny Bright llevó a Queralt a la montaña salvaje. Quería que descendiera en freeride, que volviera a entrar en contacto con la naturaleza. Que sintiera su espíritu sobre la tabla.

“Voy a probarlo porque, la verdad, no tengo nada que perder”.

Benny Bright es un entrenador muy sensible, que conocía bien a Ben Jolly y también a Queralt. No le costó imaginar cómo se sentía ella. Sabía que necesitaba reencontrar su snowboard para superar la situación traumática que había sufrido. Los descensos en freeride junto a Benny Bright empezaron a dar resultados. Queralt se dejaba guiar por su entrenador como un purasangre por su jinete. Confiaba en él y empezó a sentir el gusanillo en el estómago, ese veneno llamado snowboard que te arrastra hacia una pendiente peligrosa, sin remedio. Y, aún sintiendo miedo, no puedes evitar lanzarte porque, en el fondo, es lo que deseas más que nada en el mundo. Después le hizo una propuesta que parecía una locura pero, en realidad, era un desafío, una motivación para volver a sentirse rider.

“El Big Air. Lo había visto muchas veces. Aunque yo sólo competía en Half Pipe, me gustaba ir por la noche a ver la competición de Big Air pero nunca me había planteado tirarme por ahí y mucho menos competir”.

El bautismo de fuego fue en Boston. En la estructura montada en el estadio de los Red Sox.

“Llegué y me subí al ascensor. Benny me dijo: te tienes que tirar. Y yo dije: ¿en serio? Es que, me que me da miedo. Y Benny replicó: pues vamos mal… A lo que yo respondí: tú tranquilo que yo me tiro”.

Queralt Castellet se lanzó sin pensarlo mucho, dejándose llevar. Confiando en su entrenador. Si él creía que podía hacerlo, ella también. Tras el descenso Benny Bright le dijo: ya te he puesto nombre. Te voy a llamar cannonball porque has bajado como una bola de cañón.

La siguiente prueba de Big Air fue en Quebec. Desde Boston cogieron un autobús hasta la ciudad canadiense a la que llegaron por la noche. Nada más llegar se fueron a ver el salto. Queralt sintió deseos de probarlo en ese mismo momento. Y lo hizo, una vez más, al estilo cannonball pero le sirvió para interiorizar el salto. Necesitaba esa confianza para enfrentarse a la prueba de la Copa del Mundo del día siguiente. Era el 14 de febrero. El Día de los Enamorados. Y también el cumpleaños de Ben.

“Cuando vi la fecha de la prueba no tuve muy claro si me iba a dar por no salir del hotel o por darlo todo. Pero el ensayo de la noche anterior me ayudó a enfrentarlo con otra mentalidad. Perdí el miedo. Iba sabiendo un poco más lo que estaba haciendo. El miedo y el respeto por lo que suponía el salto se convirtió en adrenalina y sentí deseos de salir disparada de esta locura de estructura”.

No se le dio mal porque terminó tercera en Quebec. Un Bronce en su segunda competición oficial dos días después de probar el primer andamio en Boston.

“Fue increíble, la verdad. La competición consiste en saltar tres veces y la suma de los dos mejores es la que te da la puntuación final así que tienes que tener al menos dos saltos diferentes para lograr el pase a la Final. Y en la final de la noche también tienes que tener variedad de saltos. No puedes tener un truco solamente. Con la adrenalina a flor de piel tenía ganas de probar los trucos que tenía pensado hacer. Y me salió todo bien. Me sentía bien. Le pillé el gustillo”.

Da la sensación de que en estas nuevas disciplinas compite con menos exigencia en que en el Pipe.

“Sí. Y esto me ayudó porque al ser novata la presión era inexistente”.

En el circuito todas se conocen y por eso Queralt Castellet se sintió apoyada por todas sus rivales y, aun así, compañeras.

“Fue curioso porque en las competiciones en cada disciplina somos siempre las mismas, todas nos conocemos. Cuando llegué a Boston se interesaron por mí y todas fueron muy amables. Intentaron ayudarme dándome consejos pero después de lo de Quebec me dijeron: bueno, no te vamos a ayudar tanto”.

Superar el miedo y el respeto al Big Air le ha dado una confianza que se ha trasladado al Pipe. Su snowboard ha cambiado. Ha evolucionado.

“Sí. Ha cambiado. Y no solamente en el Pipe. He abandonado el punto de control. La adrenalina me transporta. Quiero probar cosas. Me emociona pensar que soy capaz de hacer algo que pensé que no haría jamás. Y, de repente, lo pruebo y sale bien. Todo es parte del mismo deporte. Cuanta más variedad dentro del snowboard toques mejores posibilidades tienes en tu disciplina. La evolución es más completa”.

Viendo cómo está el circuito internacional en el que han irrumpido riders jovencísimas y de gran talento como Chloe Kim que con tan sólo 16 años domina las clasificaciones de las competiciones uno se pregunta si no sería mejor para Queralt dejar el Half Pipe y centrarse en el Big Air y el Slope Style, la otra disciplina de snowboard en la que también ha probado a competir esta temporada.

“No, para nada. El Pipe me encanta y me lo paso muy bien. Es una disciplina que requiere mucho esfuerzo porque cuesta mucho mantenerse arriba y se añade la dificultad de que no existen buenas instalaciones permanentes en las que se pueda entrenar. Y si no entrenas en las mejores condiciones, compites en desventaja. Pero la idea es combinar las tres disciplinas. Que se construyera y mantuvieran instalaciones en buenas condiciones para las diferentes pruebas de snowboard en territorio español sería fundamental para nuestros riders. Creceríamos mucho. Y es el momento perfecto. El año que viene se celebra el Mundial de Snowboard en Sierra Nevada. Tenemos muy buenos riders emergiendo que necesitan entrenarse. Como María Hidalgo, que compite en Slope Style y es muy completa y trabajadora. Y me consta que la RFEDI tiene intención de seguir apoyando fuertemente el snowboard”.

En Sierra Nevada Queralt tiene intención de competir en las tres categorías.

“Me quiero centrar en el Big Air y el Half Pipe pero todo va a depender de los días y los horarios de las competiciones. Si puedo compaginarlo todo, lo haré todo”.

En pocos meses Queralt Castellet ha pasado de pensar en dejarlo todo a pensar en hacerlo todo. El responsable de este cambio, el que ha conseguido sacarla de la oscuridad a la luz ha sido Benny Bright.

“Sabe leer lo que necesita cada rider. Es una ventaja porque es como si supiera mejor que el propio rider lo que es necesario para mejorar. Se pone en la piel del rider que está compitiendo”.

Benny ha conseguido que Queralt Castellet vuelva a brillar. Por algo su apellido es Bright. Pero no todo es fácil. Del mismo modo que facilita el camino a seguir, también le exige a Queralt que supere sus límites cada día y eso a veces cuesta mucho. Pero aun así lo hace porque sabe que será bueno para ella.

“Ahora estamos trabajando la parte el switch que consiste en deslizar la tabla y realizar los trucos con el lado que no es natural en cada rider. Estoy probando cosas que me dan miedo hacer de ese lado y no lo disfruto nada pero, al final, cuando lo consigo, la satisfacción es mayor que cualquier cosa que logras con más facilidad”.

Todos estos desafíos, todas estas metas superadas en el último año han llevado a Queralt a encontrar más motivaciones más allá del snowboard.

“Me gusta mucho la música y por eso estoy aprendiendo a tocar la guitarra, que también me reporta mucha satisfacción. Cuando estoy en la nieve no escucho música porque utilizo otras cosas para concentrarme pero la música me sirve para descansar y desconectar. Es más evasión que concentración. Y el estilo que más me gusta es el Rock&Roll. También me gustan mucho las series. Una de mis favoritas es Da Vinci's Demons. Y los libros. Me leo todo lo que cae en mis manos.”

Queralt Castellet, una joven valiente, que ha salido de la oscuridad para volver a brillar, incluso, con más fuerza. La purasangre cabalga de nuevo.

 

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